30/06/2026
No es solo un coche; es una pieza de metal con el temperamento del tipo que lo conducía.
En noviembre de 1992, recién llegado a Sevilla, Diego Armando Maradona no buscaba un vehículo para pasar desapercibido. Compró un Porsche 911 (964) Carrera 2 Works Turbo Look, una máquina de ingeniería alemana de la que solo se fabricaron 1,200 unidades en el mundo.
Este no era un auto para ir a entrenar con discreción. Era un deportivo capaz de alcanzar los 260 km/h, una velocidad que Diego probó —y sufrió— en carne propia cuando fue detenido por la policía sevillana tras saltarse semáforos en rojo y circular a alta velocidad por el centro de la ciudad. Era la extensión de su personalidad: indomable, rápido y siempre en el centro de la polémica.
Después de que el "Pelusa" dejara España, el auto pasó años en el anonimato, resguardado por coleccionistas durante décadas.
En marzo de 2021, la leyenda volvió a los titulares. La casa de subastas Bonhams puso el Porsche en el mercado. La historia y el peso de quien se sentó al volante hicieron que el precio se disparara: un coleccionista privado se lo llevó por 574,700 dólares, superando cualquier expectativa.
Más de medio millón de dólares por un deportivo que, más que caballos de fuerza, entregó alma. Porque al final, los autos que realmente importan no se miden por su año, sino por la huella que dejaron quienes los hicieron correr.