Llantera El Ocurrente

Llantera El Ocurrente Desponche, Venta de llantas, Desmonte

08/03/2023

EL MOVIMIENTO FEMINISTA Y LA LUCHA POPULAR

Por: Aquiles Córdova

Este 8 de marzo, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Mujer, y, en la ciudad de México, una gran manifestación de mujeres que intentará, por enésima vez, lograr que el presidente López Obrador las escuche y atienda y resuelva sus justas demandas. Como respuesta anticipada, el Presidente ordenó cercar Palacio Nacional con un muro de acero de dos metros de altura, como si se tratara de repeler el ataque de un ejército enemigo. Creo que es deber de todas y todos los mexicanos bien nacidos, manifestar públicamente nuestra simpatía y apoyo a la elemental demanda de audiencia de las mujeres mexicanas que harán oír su voz en el corazón mismo del país.
Sé que el movimiento feminista se opone, con razón, a ser utilizado por los oportunistas y trepadores de la política que, a la menor provocación, gustan vestirse el hábito de desinteresados defensores de las buenas causas con el único fin de sacar provecho personal de tales pronunciamientos. A pesar de eso, por lealtad a mis compañeros y por respeto al movimiento feminista, debo aclarar que hablo en nombre del Movimiento Antorchista Nacional, en nombre de más de dos millones de mujeres y hombres trabajadores y humildes de todo el país, que sienten como propios los agravios y ultrajes que se cometen impunemente contra las mujeres de México. Los antorchistas no queremos ni esperamos nada por nuestro apoyo solidario; no nos mueve ningún interés oculto, legítimo o ilegítimo. Nuestra solidaridad es la solidaridad que nace espontáneamente entre quienes comparten un destino, un sufrimiento y un enemigo común, en este caso la misma sociedad desigual e inequitativa que nos oprime y maltrata a ambos movimientos de lucha popular.
Nuestra propia experiencia nos ha enseñado que la solidaridad abstracta, ésa que brota con la mayor facilidad de la boca de los manipuladores de las luchas populares para servirse de ellas y que no compromete a nada ni cuesta nada a quien la ofrece, es siempre el disfraz de los que persiguen propósitos inconfesables; es, en última instancia, la manera de utilizar a los necesitados de ayuda para llevar agua al molino de los intereses propios. La solidaridad que vale es siempre concreta, es la que se compromete con una causa ajena como si fuera propia, hasta alcanzar el triunfo. Esa solidaridad, sin embargo, necesita conocer sin falta los objetivos de la lucha que apoya. No puede ser una solidaridad ciega. Hasta donde sé, el movimiento feminista, al menos en México, persigue el cese de la discriminación, el menosprecio a la mujer en todos los ámbitos de la vida social, particularmente en los terrenos político y laboral; un alto definitivo a la agresión física, sexual y emocional en su contra; garantías para una vida sin violencia, sea en el hogar, fábrica, oficina o la vía pública; protección rápida y eficaz contra los golpeadores, violadores y asesinos de mujeres y una justicia impartida con perspectiva de género.
Todos estos problemas son reales y graves y exigen una solución radical y rápida, tan rápida como sea posible. Por eso creo que hace falta preguntarnos: ¿es factible lograr esa solución completa y pronta sin modificar un ápice el modelo de organización social en que se engendran y operan tales problemas? ¿Puede explicarse satisfactoriamente la violencia y la discriminación contra las mujeres solo como consecuencia del “machismo” de un número considerable de los varones de este país? ¿No hace falta explicar de dónde nace ese “machismo”? ¿Es puramente voluntario y puede erradicarse mediante la persecución y la cárcel de los culpables? ¿Cuál es, en todo esto, la responsabilidad el modelo socio-económico? ¿No es él, acaso, el que engendra tanto a las víctimas como a sus verdugos? ¿No es él la madre nutricia del egoísmo, la desigualdad, la discriminación y el machismo?
La demanda principal de la marcha, si no estoy mal informado, es que el presidente López Obrador reciba a las manifestantes, las escuche y dé respuesta satisfactoria a sus quejas y demandas. A juzgar por la personalidad y el comportamiento del mandatario que todos conocemos, puede asegurarse que no lo conseguirán. Pero aunque lo lograran, la cuestión es la misma: ¿bastará con eso para que los problemas de las mujeres hallen una verdadera y completa solución? Desde los orígenes mismos del movimiento feminista y hasta los días que corren, sus lideresas más perspicaces y visionarias han sostenido que, detrás y en el fondo de todos los sufrimientos de la mujer, se halla una organización social diseñada por los hombres para los hombres (aunque no se trate, desde luego, de todos los hombres, sino solo de los de la clase dominante). De ello sacan la inevitable conclusión de que, para arrancar de raíz los daños, es indispensable que juntos, hombres y mujeres víctimas de esa organización, se decidan a reconstruirla sobre una nueva base, una base de igualdad, cooperación, fraternización e iguales derechos y deberes para ambos sexos.
La misma historia del feminismo en México parece confirmar esta conclusión. La mayoría de los presidentes anteriores al actual han tenido, por convicción o por conveniencia, una conducta distinta con las mujeres: las han recibido, las han escuchado, han elogiado y alentado su lucha y han prometido (y a veces tomado) algunas medidas en su favor. Y a pesar de eso, los problemas siguen ahí, como lo prueba la marcha. ¿Cuántos años han pasado desde la horrenda pesadilla de “las muertas de Juárezˮ? ¿Cuántos años desde que se comenzó a hablar de mujeres secuestradas y esclavizadas sexualmente, de desaparecidas y brutalmente asesinadas?
Algunos contabilizan como un logro importante del feminismo las modificaciones en el lenguaje para diferenciar claramente entre hombres y mujeres o para resaltar la presencia o los méritos de las mujeres en discursos, medios de comunicación, revistas y libros o la modificación de los nombres de organismos, asociaciones e instituciones públicas para dar por incluidas a las mujeres, aunque en los hechos todo siga igual. Hay quien resalta la famosa paridad de género en la elección de candidatos a los cargos de elección popular. Nada de esto es despreciable, desde luego. Sin embargo, a mí me parece que se trata de puros calmantes para aplacar la furia de las mujeres, y, en el caso de los cargos de elección, creo que lo que realmente se busca es cooptar a las principales lideresas convirtiéndolas en parte del aparato opresivo y represivo del poder. Así, mellan el filo de su lucha y descabezan al movimiento en el terreno de los hechos. ¿Qué hacen o qué dicen, por ejemplo, las morenistas “empoderadas” respecto a los más recientes ultrajes y ninguneos a sus congéneres sin poder? “Callan como momias”.
Pero la lucha de las mujeres puede dar y ha dado frutos importantes. El propio Día Internacional de la Mujer, que hoy se celebra, fue fruto de la iniciativa de una mujer: la destacada luchadora socialista Clara Zetkin, amiga de Rosa Luxemburgo, que lo propuso y logró poco antes del inicio de la primera guerra mundial. Su bandera fundamental era el voto para la mujer, convencida de que con ello aumentaban seriamente las posibilidades de que los trabajadores se hicieran con el poder del Estado por la vía democrática del sufragio. Hoy el voto femenino es una realidad en todo el mundo; gracias a él, la situación social de la mujer es mucho mejor que antes de la iniciativa de Klara Zetkin, pero no ha sido la solución definitiva a sus problemas, como lo comprobamos hoy.
La Revolución de Octubre en Rusia comenzó con la rebelión que tuvo lugar entre el 23 y el 27 de febrero de 1917, que culminó con la caída del zar Nicolás II y la instauración de un gobierno provisional. Esta rebelión comenzó con la huelga y una gran marcha de las obreras rusas con motivo, precisamente, del Día de la Mujer (el 23 de febrero en el calendario ruso de entonces equivale al 8 de marzo del calendario occidental). Las trabajadoras rusas se echaron a la calle desafiando el poder de la monarquía zarista y en contra de la opinión del propio partido de Lenin. Su audacia y su valor se contagiaron rápidamente a los obreros y soldados, y juntos formaron la poderosa ola que hizo saltar el viejo trono de los Romanov. Ambos ejemplos prueban, a mi juicio, que el movimiento feminista solo puede dar frutos valiosos si se concibe como parte integrante de la lucha de todo el pueblo. ¿Acaso no son también problemas de las mujeres la falta de empleo, lo bajos salarios, los pésimos servicios de salud, la educación mala y cara de sus hijos, la falta de vivienda, la carestía del gas, el agua y la electricidad, etc.?
Al dar este paso, el feminismo excluye automáticamente a la mujer de clase alta, esto es verdad; pero también es verdad que ese sector no se hallará nunca en la primera fila del combate por razones obvias. A cambio de esa pequeña pérdida, ganará la simpatía de todo el pueblo. La lucha feminista como guerra de los sexos no tiene futuro. Los aduladores baratos dicen que sin la mujer no hay vida y la sociedad misma dejaría de existir; no reparan en que tampoco habría vida sin los hombres, puesto que la mujer no puede fecundarse sola. ¿A que viene entonces esa necia discusión sobre cuál de los dos sexos es más importante? Si hombres y mujeres se ven como trabajadores, se darán cuenta de inmediato que tienen muchos problemas en común y que deben unirse en un solo frente de lucha.
El programa actual de las mujeres en lucha presenta, en mi modesta opinión, dos flancos débiles evidentes: la ausencia de demandas de carácter económico-social que las aísla de las masas populares; y su feminismo fundamentalista que excluye radicalmente a los hombres, como si ellos fueran el enemigo a vencer. Aunque es verdad que son hombres sus eventuales agresores, incluir a todos en esta categoría es una generalización carente de sustento que las lleva a prescindir de un aliado natural poderoso en la lucha por su emancipación. ¿Por qué no enriquecer su programa con las demandas de la mujer del pueblo, y por qué no exigir a los hombres que abandonen su cómoda posición de aplaudidores y de partidarios platónicos de su lucha, para lanzarse con ellas a la calle a conquistar un mundo mejor para todos? Ambas mitades de la humanidad saldrían ganando, me parece a mí.

05/03/2023

Amigos y compañeros, los invito a leer mi colaboración semanal, agradeciéndole de antemano el tiempo que se toma en ello:

8 de marzo, un caso más, misma esencia: cambiar el modelo económico

Ya lo dijo el filósofo, historiador, escritor e intelectual alemán, Carlos Marx: “Toda la historia de la sociedad humana, hasta nuestros días, es la historia de lucha de clases… en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otra franca y abierta.”
Hago referencia a este gran pensador, para poner en contexto a mis posibles lectores acerca de la gran verdad que esto encierra, y que tanto impactan en los diferentes sectores de nuestra sociedad con sus movilizaciones. Hay muchos casos de movilizaciones en las que nuestro pueblo debe analizar cuál es la causa profunda de éstas, y en consecuencia, determinar la verdadera solución. Veamos algunos ejemplos.
Las movilizaciones multitudinarias de indignación y exigencia de justicia por el as*****to de Martin Luther King en 1963, no se habían vuelto a presentar en los Estados Unidos, hasta el brutal as*****to de George Floyd el 28 de mayo de 2020, exigencia que dio la vuelta al mundo, debido a que un individuo llamado Derek Chauvin, junto con otros agentes de la policía de Mineápolis lo asfixiaran. La indignación es legítima, ¿o no es así, amable lector? Si hacemos tantita memoria, nos daremos cuenta de que la clase política de los Estados Unidos, es la principal promotora en el mundo entero de la "democracia" y de la "defensa" de los derechos humanos. La élite gobernante y su burguesía se han convertido en candiles de la calle, pero en oscuridad de su casa. Pero, pongamos otro ejemplo: las movilizaciones femeniles que denuncian los agravios sufridos por diferentes causas y en distintas formas.
Desde que surgió la propiedad privada y se estableció la herencia de la riqueza por la vía paterna, la mujer quedó relegada a la vida doméstica y a desempeñar un papel de segundo orden en la vida social, quedó sometida a la doble moral que permitía a los varones lo que a ellas les estaba vedado. Este modelo de sometimiento femenino continuó y se agravó en la Edad media: su papel se redujo, prácticamente, a someterse al varón, y a parir el número de hijos que a aquél interesara. Y eso en el mejor de los casos: el derecho de pernada o primae noctis, la persecución de las “brujas”, el cinturón de castidad, el matrimonio concertado por los padres o jefes de familia, la violación, el rapto, el repudio, la reclusión forzosa en conventos son solo algunos de los tormentos a los que se sometía a la mujer en esa época.
La llega del capitalismonla liberó de algunos de ellos, pero, aumentó otros tormentos. La mujer humilde fue incorporada a las tareas productivas, incluso en labores tan pesadas como el trabajo en las minas. Recomiendo leer lo que se describe por F. Engels en "La Situación de la clase obrera en Inglaterra", donde en la primera época de la Revolución industrial, una gran cantidad de mujeres, niños y niñas trabajaban jornadas extenuantes en las minas de carbón. Además, dada la dureza de su trabajo, las mujeres obreras sufrían abortos o sus hijos morían a temprana edad por falta de atención y/o desnutrición. En suma, con el capitalismo actual las cosas no han cambiado mucho, la mujer trabajadora es dominada bajo un doble sometimiento: en la fábrica y en el hogar. Pertenecen al capitalista a cambio de un salario y pertenecen al esposo a cambio de protección, por condicionamiento social.
De allí que fue desde las primeras luchas obreras y en los escritos de los primeros teóricos que plantearon la necesidad de una reorganización de la sociedad, que se reivindicaran los derechos de la mujer. Destacadamente fueron mujeres como Clara Zetkin, Nadia Krupskaya, Alejandra Kollontai y Rosa Luxemburgo, las que desarrollaron la tesis de que no solo había que emancipar a la mujer trabajadora del régimen de explotación fabril, al igual que a los varones proletarios, sino que había que exigir igualdad en el salario y en los derechos políticos, como el derecho a votar, por ejemplo. Por ello fue que en 1907, la Primera Conferencia de Mujeres Socialistas realizada en Stuttgart, Alemania, aprobó entre sus principales resoluciones que “Todos los partidos socialistas del mundo deben luchar por el sufragio femenino”. La Segunda Conferencia celebrada en Copenhague, Dinamarca, en 1910, acordó la celebración anual del Día Internacional de la Mujer, como una jornada de lucha en el mundo entero para reivindicar los derechos de las mujeres trabajadoras. Fue hasta 1977 (66 años después con las mujeres socialistas) cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció al 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.
Todo este contexto histórico me sirve para argumentar que, este día debe ser reivindicado más allá de una ocasión de festejar a la mujer por el hecho de haber nacido con ese género, como una jornada de lucha contra las injusticias. Van algunos datos:
Los últimos casos de feminicidios que han conmocionado a México son solo la punta de un iceberg inmenso de agresiones a las mujeres. Son 17.776 asesinadas desde 2018, más de 3.500 cada año, 300 al mes, 10 al día. Según los datos del INEGI, el 70% de las mexicanas ha experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Durante la pandemia aumentó la carga de trabajo doméstico y de atención a los hijos para las mujeres, al mismo tiempo que disminuyó sus oportunidades de obtener un ingreso. Las mujeres ganan hasta 23% menos que los hombres si hay niños pequeños en casa. Tres de cada cinco mujeres en México viven en situación de violencia física, emocional, sexual, económica o patrimonial. Eso, sin tomar en cuenta que hay un subregistro de delitos en contra de ellas, que se estima en más de 90 por ciento.
El actual gobierno se ha destacado como el más antifeministas de los últimos sexenios, el menos empático con la situación que viven las mujeres mexicanas, por lo que en lugar de abrir espacios para la expresión de la problemática de género y de comprometer políticas públicas para garantizar seguridad, equidad laboral y salarial, salud para el pleno desarrollo de la mujer incluyendo su derecho a decidir sobre su situación reproductiva, para salvaguardar sus derechos políticos, López Obrador levanta muros de acero y apresta a los cuerpos represivos para rechazar las quejas y justas protestas de las mujeres. Analizar y fijar postura: quiero aclarar que los antorchistas no queremos ni esperamos nada por nuestro apoyo solidario, no nos mueve ningún interés oculto, legítimo o ilegítimo. Nuestra solidaridad es la solidaridad que nace espontáneamente entre quienes comparten un destino, un sufrimiento y un enemigo común, en este caso la misma sociedad desigual e inequitativa que nos oprime y maltrata a ambos movimientos de lucha popular.
Nuestra propia experiencia nos ha enseñado que la solidaridad que se da y se compromete con una causa ajena como si fuera propia, hasta alcanzar el triunfo, debe ser conocida sin falta. No puede ser una solidaridad ciega. Y hasta donde sabemos, el movimiento feminista persigue el cese de la discriminación, el menosprecio a la mujer en todos los ámbitos de la vida social, particularmente en los terrenos político y laboral; un alto definitivo a la agresión física, sexual y emocional en su contra; garantías para una vida sin violencia, sea en el hogar, fábrica, oficina o la vía pública; protección rápida y eficaz contra los golpeadores, violadores y asesinos de mujeres y una justicia impartida con perspectiva de género. Todos estos problemas son reales y graves y exigen una solución radical y rápida, tan rápida como sea posible.
Por último, voy a parafrasear al Mtro. Aquiles Córdova Morán, líder histórico del Movimiento Antorchista Nacional, quien ha expuesto magistralmente el fenómeno en referencia:
El problema no se resolverá con simples reformas de gobierno, aunque se comprometan a acabar con dichas penurias que externan las movilizaciones feministas, no, porque este mal es de origen, es producto de la división de clases, característica del capitalismo.
Por eso creo que hace falta preguntarnos: ¿es factible lograr esa solución completa y pronta sin modificar un ápice el modelo de organización social en que se engendran y operan tales problemas? ¿Se conseguirá algo con las marchas ante el actual presidente López Obrador? Para dar respuesta a todas estas interrogantes, nos remitiremos a los hechos y comportamiento de todos los actores, y los hechos nos dicen que a juzgar por la personalidad y el comportamiento del mandatario que todos conocemos, puede asegurarse que no lo conseguirán. Pero, aunque lo lograran, la cuestión es la misma: ¿bastará con eso para que los problemas de las mujeres hallen una verdadera y completa solución? A mi juicio, el movimiento feminista solo puede dar frutos valiosos si se concibe como parte integrante de la lucha de todo el pueblo. ¿Acaso no son también problemas de las mujeres la falta de empleo, lo bajos salarios, los pésimos servicios de salud, la educación mala y cara de sus hijos, la falta de vivienda, la carestía del gas, el agua y la electricidad, etc.? La ausencia de demandas de carácter económico-social que las aísla de las masas populares, y su feminismo fundamentalista que excluye radicalmente a los hombres, como si ellos fueran el enemigo a vencer. Aunque es verdad que son hombres sus eventuales agresores, incluir a todos en esta categoría es una generalización carente de sustento que las lleva a prescindir de un aliado natural poderoso en la lucha por su emancipación. Estos que están en las filas del pueblo organizado y que pueden enriquecer su programa con las demandas de la mujer del pueblo, y lanzarse con ellas a la calle a conquistar un mundo mejor para todos. Vale.

01/02/2023

Amigos y compañeros, los invito a leer mi colaboración semanal, agradeciéndoles de antemano el tiempo que se toman en ello:

Educar al pueblo, tarea vigente y urgente

Queridos compañeros, amigos y posibles lectores de mi humilde opinión política, hoy que la crispación social, estancamiento y retroceso que está teniendo nuestro país en todos los ámbitos, que es más visible y dañina para el pueblo pobre de México, me permito externar algunas reflexiones, aportando mi "granito de arena" en lo que he titulado: Educar al pueblo, tarea vigente y urgente; tarea imprescindible de los que militamos en la organización mejor estructurada y verdaderamente consecuente en la defensa de los intereses de la clases marginadas, el Movimiento Antorchista Nacional (MAN).
Cuando la humanidad se dividió en clases sociales se originó una conmoción equiparable a un gran terremoto. Es cierto que ese cataclismo, ese gran sacudimiento no se dio de la noche a la mañana, sino que fue un proceso gradual de muchos cientos de años, pero al final una vez desaparecida la primera formación social que existió sobre la tierra y que se le ha llamado comunidad primitiva, surgieron como "dos grandes continentes", dos clases sociales: una fue la de los poseedores o explotadores, otra la de los desposeídos o explotados. Junto con la propiedad privada aparecieron nuevas formas de comportamiento humano, por ejemplo, apareció el individualismo y el deseo de acumular, de atesorar bienes. Surgieron así, hombres que fueron acaparando y se fueron enriqueciendo y hombres que se fueron quedando en la pobreza y tuvieron que someterse a la voluntad de los económicamente poderosos. En este sometimiento de unos hombres (los desposeídos) por otros (los poseedores), jugó un papel decisivo la educación. Los poseedores de la riqueza se dieron cuenta que para mantener sumisos a los desposeídos no era suficiente ejercer sobre ellos la fuerza de las leyes, el látigo o de las armas, sino que también tenían que doblegar su voluntad, hasta convertirlos en dóciles y mansos esclavos, para lo cual era necesario obnubilar su conciencia, mantenerlos en la ignorancia, mantenerlos en la oscuridad avasallados con todo tipo de supersticiones y miedos. Dos grandes épocas de oscurantismo y fanatismo sobrevinieron a la desaparición de la comunidad primitiva: la esclavista y sobre todo la época feudal. Por último, en este breve y muy apretado recuento, de las formaciones o modos de organización social, al declinar la sociedad feudal, empezó a emerger una nueva, la sociedad capitalista en la que hoy ya en su etapa de madurez, denominada imperialismo o neoliberalismo, habitamos los actuales seres humanos, a excepción de los que habitan territorios del mundo donde se está empezando a desarrollar un nuevo tipo de formación social. Desde el esclavismo hasta la época actual las clases poseedoras de la riqueza han tenido el control en todos los sentidos a través de un estado que protege y vigila sus intereses, la educación, la economía, etc., ha sido controlada por las clases explotadoras; esclavistas, señores feudales y burgueses o capitalistas han utilizado la educación en favor de sus intereses de clase. Precisamente por todo esto, es por lo que insisto en que hay que educarnos como pueblo. Aunque algunos datos puedan resultar “trillados”, veamos ejemplos de la situación actual en México:
Ejemplo uno: Casi la mitad de los trabajadores formales en México carecen de un salario que les permita dejar la pobreza, El 45% de los mexicanos —unas 9 millones 598 mil personas— que cuentan con un empleo formal carecen de un salario suficiente para dejar la pobreza, reportó este martes la asociación Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.
Estos datos se muestran en el “Reporte temático no 1” que presentó la organización en la serie “Salarios bajo la lupa”, con base en los datos oficiales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) al cierre del año pasado, en el que también se indica que el 53% de los trabajadores que carecen de un buen salario, la precariedad salarial es generada por las empresas “con mayor soporte económico”, a las que se calificó de “fábricas de pobreza” que en gran medida afectan a la economía formal. De acuerdo con el reporte, los estados donde hay más trabajadores en precariedad salarial son Sinaloa, con 62.6% de trabajadores en estas condiciones; Guerrero, con 61.7%; Oaxaca, 60.9%; Durango, 58.5%; Chiapas, 56.6%; Tlaxcala y Michoacán, con 56.2%. Por su parte, el coordinador de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, Rogelio Gómez Hermosillo, dijo “Mientras el trabajo siga siendo precario, producirá pobreza en lugar de ser la puerta de salida, y los cambios en los niveles de la pobreza en México seguirán siendo marginales”.
Ejemplo dos: La inflación general anual en México se aceleró en la primera quincena de enero y se ubicó en 7.94%, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) compartidos este martes. El dato, que superó las expectativas del mercado, es superior al índice de 7.82% de todo diciembre pasado, cuando la inflación tuvo su mayor cierre anual en 22 años y lo que va del siglo. Por su parte, el índice de precios de la canasta de consumo mínimo, conformada por 176 productos y servicios, presentó un aumento del 0.50% quincenal y del 8.56% anual. Los productos que presentaron mayor alza en sus precios en la primera quincena de enero fueron el tomate verde que aumentó 13.95% y los plátanos, con un alza del 8.51%.
Ejemplo tres: Las fortunas de los 15 multimillonarios mexicanos aumentó en 645 mil millones de pesos, el equivalente a un tercio de lo que tenían antes, durante la pandemia por Covid-19, denunció este lunes la organización Oxfam en un informe. Por ello, la asociación propuso un impuesto del 5% a estas grandes fortunas, con lo que estiman que se recaudarían 270 millones de pesos anuales que permitirían incrementar la inversión en salud pública cerca del 40% o multiplicar por 17 la de protección ambiental. “A pesar de los avances en políticas sociales y laborales del gobierno federal, en el contexto de la pandemia, la desigualdad en México sigue siendo lacerante”, resumió Oxfam en el estudio “La ley del más rico”, presentado la semana en el Foro Económico Mundial de Davos y publicado el lunes con datos específicos de México.
Me quedo en esta ocasión con estos tres ejemplos para argumentar el porqué la urgencia de que el pueblo se eduque para luchar por una patria mas justa. Las medidas del gobierno actual no están delineadas para tener esta patria justa. Puede decirse que, si queremos ver qué tanto un gobierno está realmente del lado del pueblo, de lado de los explotados, solamente basta con ver lo que propone y ejecuta en materia de política educativa, económica, de salud, de empleo, de salarios, etc. Un gobierno o determinados gobernantes podrán decir que están a favor del pueblo trabajador, pero si en todas estas materias no garantizan una mejor calidad de vida, ese gobierno lo acepte o no, será uno más de los que de palabra defienden al pueblo y en los hechos lo traiciona.
Es indudable que este panorama se ha agravado con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al Gobierno federal, AMLO y Morena supuestamente pertenecen a la izquierda mexicana, según esto, deberían estar de lado del pueblo, uno de sus lemas de campaña fue: “Primero los pobres”, pero como el mismo López Obrador dijo, una cosa es lo que se dice en campaña y otra cosa lo que se hace ya en el gobierno. A quien todavía tenga alguna duda, le recuerdo aquella frase: “por sus hechos los conoceréis”, y los hechos están diciendo claramente y día tras día que López Obrador y Morena son todo, menos los representantes y defensores del pueblo que se dicen ser. Y si no, al tiempo.

Los Cabos, BCS. A 28 de enero de 2023.

04/01/2023

AFGANISTÁN Y EL FUTURO DEL MUNDO

Por: Aquiles Córdova Morán

Muchos comentarios negativos, críticas acerbas y predicciones tremendistas para el pueblo afgano y para la libertad y la plena igualdad de las mujeres, se han escrito y escriben durante y después de la evacuación de las tropas de la OTAN (mayoritariamente norteamericanas) de Afganistán y la ocupación inmediata del país por los talibanes. En particular los especialistas en análisis geopolítico y los publicistas que amplifican sus opiniones, aseguran que esto es una innegable derrota del “ejército de la libertad, la democracia y los derechos humanos”, es decir, una derrota de los “valores occidentales”, lo cual hace temer por el futuro de la civilización.
En contraste, y sin olvidar diferencias de fondo y de matiz entre ellos, los teóricos y publicistas de la izquierda mundial, junto con los países que hace rato vienen oponiéndose al dominio hegemónico de una sola potencia mundial y pugnando por una leal cooperación entre todas las naciones, por el desarrollo compartido y el beneficio mutuo, en fin, un mundo solidario y multipolar, sin países explotadores y países explotados, tienen una valoración distinta, francamente positiva en algunos casos, de lo ocurrido en Afganistán.
Esta disparidad de opiniones no es nueva, no está determinada por la simple casualidad ni por la naturaleza particular del hecho ni por los intereses inmediatos y cortoplacistas de grupos y países. Creo que esto es lo mismo que ocurre siempre que se discuten problemas que afectan los intereses de muchos o a todos, ya se trate de cuestiones científicas, religiosas, filosóficas, morales, de organización social o de las distintas formas de Estado y de gobierno, es decir, de problemas de verdadera trascendencia universal que obligan a personajes, instituciones y países a tomar una posición definida y precisa sobre ellos. Tal es el caso de la derrota de Occidente en Afganistán.
En el fondo de tales discrepancias se encuentran, en mi opinión, dos filosofías opuestas del mundo y de la vida, dos maneras distintas de mirarlos y conceptualizarlos y dos herramientas del pensar directamente opuestas con las que se analizan y se formulan opiniones sobre las cuestiones a debate. Hablo de la misma visión materialista del universo de Heráclito de Éfeso, que lo caracterizó como una totalidad material regida en su existencia y desarrollo por una ley inmanente (el logos) según la cual “todas las cosas son gobernadas por medio de todas”, es decir, sin necesidad de una fuerza exterior a él que lo determine y ordene; y, del otro lado, de quienes lo ven como un gran prodigio de racionalidad y organización que solo pudo ser creado y organizado por una inteligencia suprema, ajena al propio universo y de naturaleza distinta a él.
Estas dos visiones han coexistido desde que apareció el pensamiento sistemático y con pujos de racionalidad en la ciudades griegas del Asia Menor, tal como lo han documentado los historiadores de la filosofía de todas las escuelas. Ellas y sus respectivas herramientas de análisis y de estudio, siguiendo a Heráclito, tampoco son fruto de la imaginación o de la inteligencia pura, sino de la influencia directa e indirecta de la misma realidad que se quiere conocer sobre el sujeto cognoscente, es decir, sobre el ser humano. El carácter terrenal de su pensamiento, así sea el más abstracto, se demuestra por el hecho de que puede aplicarse, con los resultados esperados, a esa misma realidad de donde procede. Ejemplos: las matemáticas más avanzadas, las geometrías no euclidianas, la teoría de la relatividad y la física cuántica. En síntesis, las divergencias inevitables en el modo de concebir y conceptualizar todos los fenómenos del universo, nacen de la realidad misma y son el reflejo activo de la lucha y el enfrentamiento que se gesta y desarrolla en el seno de la sociedad desde el momento en que ésta se escinde en clases antagónicas. Su antagonismo es, por tanto, irreductible e inconciliable, al menos mientras exista la escisión social que las engendra, aunque pueda inhibirse por la fuerza la más débil socialmente hablando.
Volvamos a Afganistán. La invasión y la consiguiente ocupación militar por espacio de 20 años por Estados Unidos, no obedeció al deseo de instaurar la libertad, la democracia y los derechos humanos en esa sociedad tribal, con una organización económica, política y estatal muy rezagada y con una religión fundamentalista que considera por principio a la mujer inferior al hombre y la fuente originaria y perpetua de la tentación y la lujuria masculinas, como acaba de reconocerlo sin tapujos el propio presidente Joseph R. Biden. Sin embargo, tampoco fue la que él manifiesta, es decir, aprehender y castigar a los responsables del ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York, el famoso y fatídico 11-S. Los hechos demuestran que nunca detuvieron ni juzgaron a nadie, y que el as*****to (porque fue eso y no un acto de justicia) de Osama bin Laden, ocurrió fuera de Afganistán. ¿Para qué, entonces, veinte años de ocupación?
La explicación se torna sorprendentemente sencilla si no la miramos como un hecho aislado, sino como una pieza infaltable del rompecabezas de la política norteamericana en Oriente Cercano y Medio, semejante, por tanto, en todos los aspectos fundamentales (incluidas las mentiras flagrantes empleadas para justificarla) a las sufridas, antes y después, por países como Yugoslavia, Irán, Libia, Túnez, Egipto, Irak y Siria. Estas guerras feroces, realmente aterradoras, que causaron y siguen causando cientos de miles de civiles inocentes mu***os amén de los miles de combatientes, llevadas a cabo contra sociedades pacíficas, inermes y situadas a miles de kilómetros de la potencia agresora, no tiene cada una explicación particular, sino una sola y la misma para todas: el afán compulsivo de Estados Unidos por adueñarse de todas las zonas del planeta ricas en gas, petróleo y metales estratégicos, indispensables para alimentar al Moloch insaciable que es su complejo militar-industrial junto con sus grandes monopolios trasnacionales en general.
Pero tal ambición no se circunscribe al puro interés económico, al hambre de “comodities” baratos (y, si se puede, gratuitos). También comprende cuestiones como la de asegurarse el dominio político del planeta, para lo cual busca afanosamente, ayudado por su ciencia y tecnología de vanguardia, manipular la mente y la voluntad de los seres humanos. Esta manipulación resulta esencial para asegurar sin problemas el control político, y este, a su vez, para garantizar el control de los mercados y las materias primas de los países conquistados. Con esto en sus manos, asegura el dominio absoluto de las rutas aéreas, terrestres y marítimas del planeta y pone a su servicio las ventajas estratégicas derivadas de la ubicación geográfica de cada país y de toda una región, tanto para beneficio de sus importaciones y exportaciones como en previsión de una futura guerra. Este poderoso círculo de hierro, verdaderamente diabólico, fue minuciosamente elaborado en todos sus detalles en el proyecto conocido como “Medio Oriente Ampliado”, desarrollado por la dupla Rumsfeld-Cebrowski cuyos nombres lleva.
La invasión de Afganistán bajo “bandera falsa” (igual que en los casos de Irak, Libia, Yugoslavia, Siria, etc.) es parte integrante del plan Rumsfeld-Cebrowski, cuyo objetivo estratégico es desorganizar de raíz al Estado invadido: ejército, gobierno, economía, educación y cultura, y de ese modo volver prácticamente imposible su reconstrucción por mucho tiempo y, de ser posible, para siempre. Este es el significado de la frase “guerra sin fin” que lanzó George Bush hijo a raíz del 11-S. Naturalmente que el éxito de este plan, cuyo carácter brutal, sanguinario e inhumano deja en categoría de bebé en pañales a Hi**er, exige sin falta el quebrantamiento total de la voluntad, la inteligencia y el libre albedrío de los pueblos sometidos. Para esto, el imperialismo ha creado y cuenta hoy con un poderoso y eficiente ejército, integrado por intelectuales, investigadores, laboratorios y científicos de altísimo nivel, politólogos, periodistas, publicistas, cineastas, artistas, misioneros, etc. A la vanguardia de semejante ejército van los gigantes digitales como Amazon, Google, Apple, Microsoft y Facebook.
El peligro que entraña este plan imperialista no puede exagerarse. La guerra mental, el “lavado de cerebros” para imponerlo, no se libra solo al interior de los países invadidos o por invadir, sino en todo el mundo, cuya simpatía y aprobación le son indispensables para llevar adelante sus guerras de conquista. Para eso financia nutridas quintacolumnas mediáticas y propagandísticas por todo el planeta, que activa cada vez que tiene necesidad de hacerlo. Hoy lo vemos: sobran los que reprochan a los “soldados de la libertad”, a los halcones de la OTAN y EE.UU., haber abandonado a jóvenes, mujeres, traductores, contratistas carroñeros de la economía afgana, etc., en manos de los “salvajes, fanáticos y bárbaros” talibanes, y asustan al mundo con los horrores que le esperan si los enemigos de la libertad, la democracia y los derechos humanos se imponen finalmente en todas partes. Sufriremos, dicen, más que Adán y Eva al ser arrojados del jardín del Edén.
Lo sepan o no, quienes propalan eso son parte del ejército de medios, intelectuales, columnistas y divulgadores al servicio del imperialismo. Olvidan que en el Edén capitalista que defienden crecen por horas la desigualdad, la pobreza, la ignorancia, el hambre, la insalubridad, la falta de educación, vivienda y servicios y las muertes por coronavirus, mientras miles mueren bajo la bota imperial y las grandes fortunas, como las farmacéuticas, hinchan sus bolsillos. En realidad, como afirma la izquierda mundial y los países enemigos del mundo unipolar, la derrota de los halcones imperiales en Afganistán es una buena noticia, porque es la derrota del proyecto Rumsfeld-Cebrowski, es la derrota de las ambiciones del imperialismo norteamericano por dominar todo el planeta en su provecho exclusivo.
Y es, por tanto, una victoria para quienes quieren un mundo para todos, fraterno, solidario, pacífico y progresando por el trabajo creativo de todos para el bienestar de todos; un mundo que en vez de satanizar a los talibanes, los ayude a construir un mejor país por ellos y para ellos, sin injerencias ni imposiciones de supuestos valores universales; un país no anclado en el pasado sino con la vista puesta en un futuro de bienestar para las mayorías. Esta es, dicen, la mejor manera de defender a las mujeres, a los jóvenes y otras víctimas del fanatismo. Yo comparto eso.

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