15/08/2026
Bajo el mar también se restaura.
Cuando pensamos en restauración, solemos imaginar bosques replantados, ríos recuperados o paisajes que vuelven a llenarse de vida. Pero bajo la superficie del mar también existen ecosistemas dañados que necesitan algo más que protección: en algunos casos, requieren una intervención directa para intentar recuperar especies, hábitats y funciones perdidas.
Las formas de hacerlo son muy distintas:
1. LIFE ECOREST, en Cataluña.
Corales, gorgonias y esponjas capturados accidentalmente por la actividad pesquera pueden recuperarse en acuarios y reintroducirse después en zonas protegidas. El proyecto combina la intervención directa sobre los fondos con la reducción de las presiones que continúan degradándolos e incorpora al propio sector pesquero en la recuperación de los organismos.
2. La restauración de posidonia en Mallorca.
En zonas degradadas se trasplantan fragmentos de esta planta marina para intentar reconstruir sus praderas. La posidonia protege la costa y ofrece refugio a numerosas especies, pero que las plantas sobrevivan no significa necesariamente que el conjunto del ecosistema, incluida su fauna asociada, haya vuelto a funcionar.
3. Billion Oyster Project, en Nueva York.
Las conchas desechadas por restaurantes se reutilizan como base para el asentamiento de nuevas ostras. El objetivo no es únicamente recuperar una especie, sino reconstruir arrecifes capaces de filtrar agua y crear refugios para otros organismos.
4. Mission: Iconic Reefs, en Florida.
La recuperación no se limita a reintroducir corales. También se controlan las algas que compiten con ellos y se favorecen especies que ayudan a mantener el equilibrio del arrecife. Porque un arrecife es mucho más que la suma de sus corales: es una red de relaciones.
Estos proyectos muestran hasta dónde puede llegar la restauración marina, pero también obligan a matizar qué entendemos por éxito.
El informe Mares Vivos: claves para la restauración marina en el Estado español, elaborado por Ecologistas en Acción, analizó 57 proyectos desarrollados en España. Aproximadamente el 60 % había cumplido sus objetivos, aunque muchos de ellos se centraban en organismos concretos. Solo cuatro pudieron demostrar una recuperación ecológica confirmada del ecosistema.
La diferencia es importante. Conseguir que sobreviva una planta, un coral o una colonia de ostras es un avance, pero un ecosistema recuperado debe volver a desempeñar sus funciones, sostener biodiversidad y responder a los cambios del entorno.
Y eso necesita tiempo. La mayoría de los proyectos dura entre tres y cinco años, mientras que un ecosistema marino puede tardar décadas en recuperar plenamente sus funciones. A ello se suman la falta de seguimiento científico prolongado, la escasa documentación de algunos resultados y una financiación demasiado dependiente de convocatorias temporales.
El informe también recuerda una diferencia esencial: proteger y restaurar no son exactamente lo mismo. Proteger significa evitar que el daño continúe. Restaurar significa intentar recuperar lo que ya se ha perdido. Replantar corales o posidonia tendrá una eficacia limitada si continúan la pesca, los fondeos, los residuos u otras presiones sobre el medio. Por eso, la restauración activa debe ir acompañada de medidas que reduzcan las causas de la degradación.
Ecologistas en Acción reclama un Plan Nacional de Restauración ambicioso, con financiación estable, criterios comunes de evaluación y seguimiento científico a largo plazo.
Restaurar no consiste simplemente en volver a colocar las piezas. Significa crear las condiciones necesarias para que el ecosistema pueda reconstruirse y mantenerse por sí mismo. Porque restaurar puede ofrecer una segunda oportunidad, pero solo dejar de dañar permite que esa oportunidad prospere.