Escucho voces solapadas, nerviosas sonrisas filtrándose a través de las provocadoras miradas de las chicas y el contoneo sensual de las cámareras que portan vasos en un ritmo imposible. Tengo la moneda en mi mano derecha, mi cerveza en la izquierda y a todo el Ace Café pendiente de mis movimientos. Escojo en el Juke Box “Lucille” del gran Little Richard: tres minutos y treinta y cinco segundos de
puro rock & roll. Mi Guzzi V7 espera impaciente ronroneando y caliente en la puerta, el neumático apuntando directo a la pista. Me ajusto las gafas, deslizo la moneda por la ranura y se hace el silencio. En mi carrera hacia la moto ya sólo hay sonido de motor y un vago piano haciendo sonar los primeros acordes. Lo volveré a hacer, vuelta a la manzana antes de que la canción acabe. Mientras encaro el primer giro entiendo que no hay nada como formar parte de la leyenda...