27/07/2024
Un padre económicamente acomodado quería que su hijo supiera lo que es ser pobre y lo llevó para que pasara un par de días en un rancho con una familia campesina. Pasaron tres días y dos noches en su vivienda del campo.
En el auto de regreso a la ciudad, el padre preguntó a su hijo:
_ ¿Qué te pareció la experiencia?
_Buena, contestó el hijo con la mirada puesta a la distancia.
_Y… ¿Qué aprendiste?, insistió el padre…
El hijo contestó:
* Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro.
* Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos y otras cosas lindas.
* Que nosotros compramos linternas para alumbrar nuestro jardín… mientras que ellos se alumbran con las estrellas y la Luna.
* Nuestro patio llega hasta la cerca y el de ellos llega al horizonte.
* Que nosotros compramos nuestra comida... ellos, siembran y cosechan la de ellos.
* Nosotros oímos música con audífonos … ellos escuchan una sinfonía sin fin de pájaros, pericos, ranas, sapos, cucarrones y otros animalitos…
* Nosotros cocinamos en estufa eléctrica… ellos, todo lo que comen tiene ese delicioso sabor del fogón de leña.
* Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas… ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.
* Nosotros vivimos conectados al celular, a la computadora, al televisor… ellos en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al Sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus siembras, a su familia y sobre todo a Dios.
El padre quedó impactado por las palabras de su hijo… y entonces el hijo terminó:
_¡Gracias papá, por haberme enseñado lo pobres que somos!
Tristemente, cada día estamos más pobres de espíritu y de apreciación por la naturaleza.
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