17/08/2025
La triste historia de los que viven a orillas de autopistas y carreteras: los peatones son los más olvidados
En las grandes ciudades y en los pequeños pueblos, las autopistas y carreteras se levantan como símbolos de progreso. Por ellas circulan los vehículos que mueven la economía, el comercio y la vida cotidiana. Sin embargo, en esas mismas vías que parecen conectarlo todo, habitan miles de personas que se sienten desconectadas: los peatones.
Quienes viven a orillas de una autopista saben lo que significa arriesgar la vida para cruzar hacia una escuela, un hospital, una iglesia o simplemente hacia la tienda más cercana. Cada día, mujeres, niños, ancianos y trabajadores deben enfrentarse a una carrera contra el tiempo y contra la velocidad, en un espacio que nunca fue diseñado para ellos.
La realidad es cruel: nuestras infraestructuras priorizan al vehículo, no al ser humano. Los pasos peatonales son escasos, muchas veces inexistentes, y cuando los hay, resultan lejanos, inseguros o deteriorados. La consecuencia es visible y dolorosa: peatones atropellados, familias enlutadas, comunidades atrapadas en un encierro forzado por el asfalto.
Los más olvidados no son los conductores, ni los pasajeros de un autobús; son las personas que caminan, que empujan un cochecito de bebé, que llevan un s**o de víveres sobre los hombros, que vuelven del trabajo sin más vehículo que sus propios pies. Son invisibles para las políticas de tránsito y olvidados por los planes urbanos.
Vivir a la orilla de una carretera es estar obligado a convivir con el ruido ensordecedor, la contaminación, la inseguridad y, lo más doloroso, con la indiferencia. Porque pocas veces alguien se detiene a pensar en lo que significa no tener un simple puente peatonal, una acera segura o una señal de cruce.
No hay desarrollo real si se deja atrás al peatón. Una sociedad justa debe garantizar que quien camina pueda hacerlo sin miedo, sin riesgo, con dignidad. La historia de quienes viven a orillas de las autopistas no debe seguir siendo la de la tristeza y el olvido, sino la de la transformación y la esperanza.