15/10/2026
Les comparto una historia motivadora Y recordar que sí podemos recuperar nuestros sueños y deseos.
De mi amigo Daniel Habif :
Yo iba en secundaria y tenía un sueño estacionado a media cuadra de la escuela: un Mustang Mach 1 de 1973, afuera de un taller mecánico.
Cada vez que pasaba, me detenía un par de minutos. Lo observaba y me asomaba por la ventanilla, con la mano sobre las cejas para hacer sombra y tratar de ver hacia adentro. Los cristales estaban completamente polarizados. Casi no podía ver el interior, pero ya me imaginaba sentado ahí.
Un día, el mecánico, que era el dueño, me dijo que no me asomara tanto. Ese día reuní el valor para preguntarle cuánto costaba.
«No te alcanza, chamaquito».
No me dio un precio. Y yo, que todavía no sabía distinguir entre no tener dinero y no tener posibilidades, me la llevé conmigo. Me dolió durante muchos años.
Pero cada vez que veía un Mach 1, me repetía: «Un día me lo voy a comprar. Un día me lo voy a comprar».
Pasaron treinta años.
Hoy compré mi Mach 1 de 1973. Y lo hice por aquel chamaquito, no contra aquel hombre. No necesito encontrar al mecánico para enseñarle las llaves. Necesitaba encontrar a ese niño para decirle que no lo había olvidado.
No valgo más hoy que cuando me asomaba por aquella ventanilla. Pero cumplir este sueño significa que: después de tantos años, sigo tomando muy en serio lo que aquel niño deseaba.
Quizá queridos, cumplir un sueño no es demostrarle a alguien que estaba equivocado. Sino demostrarte que puedes crecer sin abandonar todas las cosas que alguna vez te hicieron brillar los ojos.
Hoy ya no tengo que ponerme la mano sobre las cejas para imaginar cómo se ve desde adentro.